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Características de un cuidador de ancianos

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Con el paso de los años, es frecuente que las personas de avanzada edad requieran de atenciones específicas. En este sentido es fundamental la labor que desempeñan los profesionales que se ocupan de ellos. Por este motivo queremos profundizar en las características de un cuidador de ancianos, pieza fundamental en este proceso.

Cabe destacar que, al referirnos a atenciones, no solo hablamos de aquellas que vienen como consecuencia de enfermedades o patologías previas en su historial clínico, sino de aquellos cuidados básicos que necesitan para que su estado de salud sea el adecuado.

5 características de un cuidador: no solo se trata de profesionalidad

Es evidente que cuando mencionamos las características de un cuidador a la hora de tratar con adultos mayores, las habilidades de esta persona deben ir mucho más allá de la profesionalidad y la vocación, que por supuesto, también son requisitos fundamentales. A continuación, destacamos aquellas capacidades básicas que no pueden faltar.

Atención especializada

La predisposición y disponibilidad constante por parte del cuidador son rasgos básicos. Se debe prestar atención a las pautas médicas de cada persona, monitorizar correctamente y llevar un seguimiento de su situación al detalle. Se trata de mejorar su calidad de vida, y para ello hay que atenderles de forma adecuada y poseer los conocimientos y la preparación necesarios para desempeñar este tipo de funciones. Cada paciente es distinto y por tanto presenta necesidades diferentes, por lo que la flexibilidad a la hora de tratarles es indispensable.

Una persona responsable, resolutiva, comprometida con su trabajo, y que sea capaz de prestar los cuidados y atenciones necesarios de una manera servicial, tiene mucho a su favor como cuidador.

Apoyo constante

Sin duda una de las características de un cuidador más importantes. Además de recibir la atención y cuidados que requieran, las personas mayores necesitan sentirse valoradas, respetadas y acompañadas. En muchas ocasiones pueden llegar a sentirse solos o faltos de afecto por la nueva situación.

Es muy importante la figura del cuidador en este sentido, ya que el anciano puede llegar a verlo como una gran compañía, un amigo o persona en la que poder confiar y apoyarse mutuamente. De esta forma se sentirán escuchados, así como se reduce la sensación de soledad que pueden tener por momentos.

Empatía y adaptabilidad

El cuidado de personas mayores supone un reto en muchas ocasiones, ya que pueden ser personas con condiciones delicadas, dependientes o que, por el simple paso de los años, tengan unas rutinas y hábitos muy marcados. En este sentido, que el cuidador tenga la capacidad de adaptarse a cualquier circunstancia y sea capaz de empatizar con las distintas situaciones que se puedan presentar, es imprescindible. La paciencia juega un papel relevante en estas ocasiones.

Por supuesto, también para la Tercera Edad puede suponer un cambio importante el traslado a una residencia. Por ello, el cuidador debe participar de forma positiva para que ese periodo de adaptación sea lo más llevadero posible.

Habilidades sociales y comunicativas

Proporcionar un servicio especializado no solo genera confianza en el paciente, sino también en su entorno, que tendrán la tranquilidad y la seguridad de que su familiar o amigo está en las mejores manos.

En este aspecto, otra seña de identidad de un buen cuidador es su capacidad de comunicación. Las habilidades sociales y la forma de interactuar con los demás pueden marcar la diferencia. Saber informar de manera clara, concisa y sencilla para favorecer la comprensión de todas las partes no siempre es tarea fácil. Sin embargo, es un requisito que tiene más importancia de la que normalmente se le da.

Fomentar el desarrollo personal del anciano

Además de ser un punto de apoyo y ofrecerles compañía, otra de las características de un cuidador que más puede ayudar a las personas que tiene a su cargo es fomentar y potenciar su desarrollo. ¿Cómo pueden conseguir esto? Aquí tienes algunos ejemplos:

· Fomentar el aprendizaje constante. Nunca es tarde para aprender una nueva afición.

· Practicar actividades que activen su cerebro, como la lectura, los juegos de mesa, puzzles, etc.

· Contribuir en el desarrollo de sus capacidades cognitivas, sensoriales y físicas con actividades específicas para ello. Por ejemplo, pasear, charlar, practicar juegos sencillos, etc.

· Emplear la rehabilitación o terapias específicas en caso de ser necesario.

· Inculcar en el anciano el espíritu de superación y motivación para que no pierdan la ilusión.

 

Como ves, encontrar las características de un cuidador de la Tercera Edad adecuadas no siempre es sencillo. Y es que no todas las personas presentan esta serie de capacidades para ponerse al frente de un trabajo de este tipo. La inteligencia emocional tiene mucho que decir en este aspecto. Al margen de ello, tampoco hay que olvidar la entrega y gratificación que les reporta, a nivel personal, el sentir que están ayudando a otras personas, mejorando su calidad de vida. En las residencias Monte-Hermoso contamos un equipo de profesionales plenamente capacitados para cubrir todas las necesidades de tu ser querido. ¡Visítanos y compruébalo por ti mismo!

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